La pechuga de pollo es una de las opciones más elegidas a la hora de preparar comidas rápidas y saludables. Sin embargo, lograr que quede jugosa puede ser un desafío, ya que es común que la carne se pase de cocción y quede seca. Un método sencillo pero efectivo asegura una textura tierna y un sabor espectacular, sin necesidad de ingredientes difíciles de conseguir.
Todo comienza con la elección del producto. La clave está en optar por un filete que se vea firme, grueso y de buen color, idealmente pollo amarillo, que tiene un sabor más intenso. Además, un buen sazonado y algunos trucos durante la cocción marcan la diferencia para que la carne quede en su punto justo.
El secreto está en mantener el fuego bajo control y agregar un toque de manteca, ajo y hierbas frescas durante el proceso. De esta manera, la pechuga queda dorada por fuera, tierna por dentro y con un gusto irresistible.
POLLO DORADO
La manteca y las hierbas frescas potencian el sabor de una pechuga de pollo dorada y jugosa.
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Cómo hacer la pechuga de pollo para que no quede seca
Para cocinar una pechuga de pollo perfecta, lo primero es elegir una pieza gruesa y carnosa. Una vez lista, hay que sazonarla bien con sal para que absorba el sabor durante la cocción.
En una sartén caliente, se agrega un poco de aceite y se cocina el pollo a fuego medio. La carne debe dorarse primero de un lado y, cuando esté lista, se la da vuelta y se baja el fuego. Acá entra en juego el truco clave: agregar un par de dientes de ajo machacados, tomillo fresco y una cucharada de manteca. La manteca, al derretirse, debe rociarse sobre la carne para mantenerla jugosa y darle un sabor inigualable.
POLLO CON VERDURAS
Un buen control del fuego y los tiempos evita que la carne quede seca o dura.
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Una vez cocida, es importante dejar reposar la pechuga unos minutos fuera del fuego. Esto permite que los jugos se distribuyan de manera pareja, logrando una textura suave y tierna que no falla.